lunes 9 de noviembre de 2009

Cuestión de genes

Voy a empezar a escribir sobre algo que, en mi opinión, tiene mimbres suficientes para aparecer en mi blog (= post capaz de poner un par de chistes sexuales) pero que a la vez me acojona por lo escabroso del tema y la privacidad que a continuación me dispongo a perder.

El hecho es que en los últimos días estoy descubriendo a gente que está más o menos relacionada conmigo y que desconocía su existencia. Y no estoy hablando de las vecinitas 2.0 que por cierto las conocí ayer. Son nuevas y son diferentes. Llevan viviendo al lado mío un par de meses y me las encontré por primera vez el pasado viernes. Tienen menos vida social que el conde Drácula en el polo norte. Aunque tampoco me importarían que me chupasen la ... eeeeee bueno eeee que me las encontré el otro día. Me preguntaron a ver que a qué piso iba. A mí. Deben saber perfectamente que soy el único chico de 22 años que vive en mi portal. Eso me hundió. No se han fijado en mí. Con todo el frío que he pasado tirando la basura en tanga.

Pero ese no es el nexo. Este sábado me despertaron prematuramente (a las 2 del mediodía) al grito de "vamos, levántate, y lávate la cara que han venido unos primos de tu padre de Madrid". Primera noticia que tenía de esta gente. "No tenemos perdón de Dios, 22 años y no os conocíamos". ¿Y quienes son? Pues el primo de mi padre, que es el director de una compañía de seguros muy importante (digo esto para publicar que tiene tela) y que se quedó a vivir en Madrid, pero ha venido a visitar a su madre y hermanas que siguen viviendo aquí. Y mi pregunta es ¿les tengo que querer? Pues la respuesta debe ser que sí. Yo nunca lo entiendo. Esas tías-abuelas a las que ves dos veces en tu vida pero te dicen "y aunque no nos veamos yo pienso mucho en vosotros y os quiero mucho". Recuerdo una vez de niño que les dije "pues yo nunca y nada".

Se generó una tensión que ni en el Athletic-Levante. Cosas de críos. Luego ya cumplí los 17 y aprendí lo que era el cinismo cuando te juntas con la familia. Y luego ¿Qué extraña obsesión tienen con invitarte a su casa? "Si algún día tienes que venir a Madrid por algo, te quedas a dormir en mi casa". En casa de un completo desconocido que la próxima vez que te vea no sabré ni tu nombre. De hecho, ya se me ha olvidado. ¿Quién no me dice que me va a secuestrar? Eso sí, al césar lo que es el césar. Me dio 25 € así de la nada. Esas situaciones incómodas por excelencia que creía que ya con 22 años y cierta independencia económica no me iban a volver a pasar. En esta ocasión, callé como una gallina.

Y a raíz de este desafortunado pero beneficioso encontronazo comencé a investigar sobre "la familia de mi padre". Y he encontrado una historia que me fascina. No por atípica, ya que soy consciente de que muchos me podréis decir lo mismo, sino por divertida y exótica. Mi tatarabuelo, quizir, el abuelo de mi abuelo quiso buscar fortuna y emigró a Cuba como tantos y tantos otros tatarabuelos. A los 53 años, después de haber quemado la isla por completo volvió a su tierra, Balmaseda, en busca de descendencia.

Es aquí donde se encuentra la parte exótica de la historia. Me excita pensar que tengo una familia bastarda en centro América. Porque claro, yo ya sé que los Campo podemos soportar frecuencias de inactividad sexual altísimas, pero 53 años roza ya lo inhumano. Luego tampoco sé qué tipo de métodos anticonceptivos se usaban a mediados del siglo 19 pero no creo que fuesen muy sofisticados. Lo que me hace pensar que hay un tal "Tomás Oswaldo Campo" al otro lado del charco al que tengo que querer. Ahora, que se olvide de mí si piensa que le voy a dar 25 €.

De todas formas, de Campo a Castro solo hay un paso...

Mi tatarabuelo, del que desconozco el nombre, vino aquí más caliente que el palo de un churrero y exigía cual cacique a una mujer joven y fértil para procrear la especie. No sabe nada el notas. Ahora empiezo a entender mi admiración hacía la Duquesa de Alba y a los entrañables puretas que buscan caliqueños cuando ya no pueden ni moverse. El caso es que claro, por mucha pasta que tuviera, nadie quería estar con un viejuno como él y en sus exigencias se le olvidó incluir la palabra "lozana". Y es entonces cuando salió a escena mi tatarabuela Melitona que era una joven chica del pueblo de al lado, soltera y de casamiento complicado debido a que era más fea que Paz Padilla después de un combate de boxeo.

Ese adefesio humano, ese vómito antropomórfico, ese zurullo con ojos y bigote, ese humanoide animaloide, esa vergüenza de la creación, ese asunto pendiente Darwinista, ese imposible de corporación dermoestética ... es familia mía. Es decir, que durante dos o tres generaciones hemos estado esquivando los genes de la abuela Melitona a la que me encantaría conocer. Espero que una de las virtudes de la tata Melitona no sea la rapidez y que mi espermatozoide más rápido no tenga nada que ver con ese eslabón perdido de mi familia. Hasta que no vea nacer a mi niña, me perseguirá esta historia en cada uno de mis sueños.

Tomy, no hay mujeres feas
to las mujeres son guapas
y si alguna, no te lo parece
pues te bebes otro cubata.






0 comentarios que me han hecho feliz: